La voz femenina

"Pero ¿qué tiene de diferente la escritura femenina? ¿Acaso es diferente la literatura escrita por mujeres a la que escriben los hombres? ¿Es conveniente trazar esta división entre escritores?"
Por Romina Camacho
Mar 7, 2022

Veintitrés años habían pasado, y de pronto… mirando mi librero, y a media videollamada discutiendo sobre lecturas, caí en cuenta de que pocas veces había sentido y leído una narrativa femenina… y que en ese librero, el mío, apenas un 20% de la literatura estaba escrita por mujeres. 

Es conveniente mencionar que mi dedicación literaria empezó tarde y es intermitente, pero en mi recorrido académico tuve una bibliografía enorme de la que recuerdo algunas mujeres como Virginia Woolf, Isabel Allende y Susan Sontag… aunque la diferencia (cuantitativa) entre autores y autoras en las referencias de los cursos fue atroz, y similar a la de mi librero.

Pero ¿qué tiene de diferente la escritura femenina? ¿Acaso es diferente la literatura escrita por mujeres a la que escriben los hombres? ¿Es conveniente trazar esta división entre escritores?

Siempre han existido escritoras, sin embargo, se debe reconocer que históricamente el canon (un conjunto de libros y autores reconocidos como imprescindibles en la literatura), ha sido protagonizado por hombres. Esto implica que el esquema de valores, estructuras, e ideologías que dominan los altos rangos de la crítica, históricamente, han sido establecidos por hombres. Lo que a su vez lleva como consecuencia que el mercado, el interés académico y los lectores se vean inclinados hacia la literatura hecha por hombres. Dentro de este esquema literario general, con frecuencia encontramos que los roles de género han sido estrictamente delineados, que el papel del héroe define a los personajes y que la “victoria” justifica los medios. 

Frente a este panorama de la tradición literaria, la escritura femenina le quita un velo gris. Comienza a proponer, con más claridad, los temas y sentimientos que se viven de primera mano, en la vida real. Y por hablar de sentimientos no me refiero a un sentimentalismo ingenuo, sino crudo y sin censura, que te hace frente y te cuestiona. Así, crean un espacio en donde los secretos que quedaron ocultos por la literatura del canon masculino salen a la luz, cuestionan los roles y las expectativas sociales, conversan con las minorías y proponen repensar los símbolos que dominan el día a día. No obstante, el hecho de poder explorar la riqueza de la literatura, sin limitarla por el género o la identidad de sus autores, abre un nuevo mundo ideológico, donde las expectativas chocan con personajes impredecibles y donde las historias surgen desde escondites remotos de la sociedad.

¿Será contradictorio hacer énfasis en estas diferencias? ¿No habíamos ya superado esta brecha en el mundo editorial? Puede ser, pero considero que la inercia del canon y la academia sigue desbalanceando los libreros y que vale la pena hacer el ejercicio de llevar una lectura consciente sobre las experiencias que vivimos en la literatura femenina y las que hemos vivido en la literatura masculina. Si tomamos un rol activo como lectores, podemos encontrar esta diversidad de mundos, valores e ideas y comenzar a reflexionar y cuestionar nuestros esquemas sociales, sus símbolos y nuestras relaciones con ellos. ¿Qué ideas, o sentimientos, habrían dominado el mundo si la historia la hubiesen escrito mujeres? ¿Qué valores habrían dominado el mundo si la historia hubiese sido narrada por las minorías con el mismo volumen con el que contaron la historia los victoriosos?

Desde este contexto, te comparto algunas de las mujeres que he leído a partir de este interés por disminuir la brecha de género en mi librero, y que me han hecho notar y pensar en estas cualidades de la literatura escrita por mujeres.

En la estrella de honor, Rosa Montero con La ridícula idea de no volver a verte, que después de leer un pequeño fragmento corrí a buscar a la librería. Ya desde su primer capítulo me transmitió una sensibilidad que no había percibido antes. Un libro que no le da vuelta a las cosas y te presenta las emociones como lo que son, con vísceras, llanto, cariño y melancolía. Además, el libro entrelaza elementos de la vida de la autora con la biografía de Marie Curie y entre ambas van exigiendo y recuperando el espacio que le corresponde a las mujeres en los distintos roles que podemos tomar. La lectura promete reflexiones fuertes, una sensibilidad femenina, un reconocimiento de la experiencia del ser con los demás y una mirada histórica de lo que ha sido y es ser mujer. Y el honor se lo lleva porque tocó fibras que abrieron mis ojos a buscar más voces y autoras femeninas.

Por otro lado, y con una voz narrativa completamente distinta, tomando un tinte de lodo y un sabor a sudor y sol, Fernanda Melchor entra al librero con Paradais, regalo de un amigo que la sigue desde Temporada de huracanes. Aquí, el título de la novela anuncia la búsqueda de unos chicos por vivir la promesa paradisíaca de una colonia privada al sur de México. La agresión y la violencia que domina la historia contrasta con lo detallado, profundo y emocional que resultan las experiencias de sus personajes principales; ambos varones que detrás de maldiciones, agresiones y objetivaciones esconden deseos, sufrimientos y frustraciones que les llevarán al límite antes de mostrarlas y verse vulnerables. 

Y como última recomendación, mi lectura más reciente, Nuestra parte de noche, de la autora argentina Mariana Enriquez. Desde la sinopsis del libro, todo es un misterio, oscuridad, mediums, relaciones paternales, monstruos?! Bah! Una lectura que cobra más y más sentido de forma sutil e intrigante. La autora viaja por el tiempo para presentarnos episodios en la vida de los protagonistas, un padre y su hijo, que viven su relación en un mar de sacrificios, amistades y amor. La honestidad con la que se presentan los personajes y la vulnerabilidad desde la que se narran sus pensamientos establecen una cercanía que le da una feminidad a la novela; que a pesar de entregarse desnuda es fuerte y violenta. 

Estos libros son recomendaciones fortuitas, que comparten la dicha de haberme hecho sentir la voz femenina en la literatura. He de confesar que a estas alturas he encontrado escritores cuya voz canaliza feminidad y que me llevan a pensar en más polémicas y posibilidades. Pero hoy, te invito, a que si no es alguna de estas mujeres las que te llaman a escuchar lo que tienen por contar, busques a alguna que resuene contigo y la escuches.

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Romina Camacho

Romina Camacho

Humanista y reflexiva.
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