Pasa el tiempo, la pobreza en México no

"En un período de 10 años (2008-2018), el porcentaje de la población en situación de pobreza disminuyó de 44.4% a 41.9%, como resultado de la reducción del 11.0% al 7.4% de la población en situación de pobreza extrema y del aumento 33.4% al 34.5% de población en situación de pobreza moderada."
Por Javier Cázares Salinas
Ago 16, 2021

A la espera de los resultados (poco alentadores) de la medición de la pobreza a nivel nacional y por entidades federativas del CONEVAL correspondientes al 2020, solo nos queda analizar los últimos datos con los que disponemos, es decir, los de 2018.

El CONEVAL desde hace varios años ha sido ejemplo mundial para economías en desarrollo al haber creado y utilizado su propio sistema de medición de la pobreza, el cual, a diferencia de la medición tradicional y unidimensional con base en una línea de pobreza por ingresos, incluye también la presencia de seis carencias sociales en la vida de la población mexicana – rezago educativo, acceso a los servicios de salud, acceso a la seguridad social, acceso a la alimentación, calidad y espacios de la vivienda y el acceso a los servicios básicos en la vivienda. 

Por otro lado, la eficiencia en la asignación de recursos de la función pública no ha sido nada deseable de replicar puesto que, a pesar de que han pasado 10 años desde el inicio de la utilización de esta medición, el país se encuentra en donde mismo.

Si bien la medición cambió, la realidad no. Dice el dicho, “Los números hablan por sí solos”, no obstante, al interpretar su idioma será imposible que les entendamos. En un período de 10 años (2008-2018), el porcentaje de la población en situación de pobreza disminuyó de 44.4% a 41.9%, como resultado de la reducción del 11.0% al 7.4% de la población en situación de pobreza extrema y del aumento 33.4% al 34.5% de población en situación de pobreza moderada. 

En el papel, dado que no se contempla crecimiento poblacional, a pesar del aumento del porcentaje de población en situación de pobreza moderada, que estaría explicado en parte por el gran detrimento del porcentaje en situación de pobreza extrema (que implicaría una movilidad social hacia pobreza moderada), pareciera que esto representa un ligero progreso. Lamentablemente no es así y  México tuvo 3 millones más de habitantes en situación de pobreza en 2018 que los que tenía en 2008, ¿a qué se debe esto?, sencillo: el importante crecimiento poblacional no se ha visto compensado con la débil disminución porcentual de población en situación de pobreza. 

En 2008 México tenía 49.5 millones de habitantes en situación de pobreza, en 2018 tuvo 52.4 y, por si fuera poco, los tristes resultados obtenidos con la medición multidimensional de la pobreza son brillantes comparados a los que muestra la tradicional medición de la pobreza por ingresos, dado que en 2008 el país tenía una población debajo de la línea de pobreza por ingresos de 54.7 millones de personas (49.0% de la población de este año) y para 2018 había aumentado hasta 61.1 millones (48.8% de la población de este año), de los cuales la población con ingresos inferiores a la línea de la pobreza extrema por ingresos fue de 18.7 (16.8%) y 21.0 (16.8%) millones de personas para cada año, respectivamente.

Sea con la medición tradicional y unidimensional o la novedosa y multidimensional, la política social implementada en México para el período 2008-2018 tuvo una pobre eficacia que ha generado más pobres de los que ha logrado movilizar. Una parte de México idealiza el concepto del “crecimiento económico” y añora ser parte del malamente llamado “primer mundo” pero se olvida que uno de cada dos mexicanos es población con ingresos inferiores a la línea de la pobreza, y que además de ser un dato perturbador por sí solo, se vuelve deprimente al conocer que este indicador ha permanecido constante durante 10 años. 

Desde luego, el crecimiento es una condición necesaria para alcanzar el desarrollo, más no suficiente.  El mermado crecimiento económico en México no ha permeado ningún efecto significativo en la movilidad social en los últimos 10 años registrados y las cifras por publicarse para 2020 se perfilan para ser incluso peores que las de 2018, dada la desaceleración y el estancamiento de la economía derivados de la crisis del COVID-19 y diversas condiciones estructurales. 

Como dije al inicio, los números nos hablan, solo no los hemos entendido. Los resultados presentados por CONEVAL para la medición de la pobreza parecen no sólo no haber sido entendidos por la población en general, sino tampoco por aquellos tomadores de decisiones a quienes esta información está destinada con el fin de que la usen en la creación de estrategias y políticas públicas en pro de la movilidad social. Queda mucho por hacer, o sin irnos tan lejos, por empezar a hacer. Claro, esto después de aprender el idioma de los números y entender que es lo que hay que hacer.

Javier Cázares Salinas

Javier Cázares Salinas

Economista por la UDEM y Consultor de Inversión Social en Neeta.
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