Tomate, papa, ¡Acción!

"¿Cómo es que con mano firme castigan los agravios al arte, pero se hacen de la vista gorda ante el abuso de recursos, la hambruna, la explotación y la guerra, de la que son cómplices gobiernos y multinacionales? ¿Qué crimen pone más en riesgo un futuro vivible?"
Por Romina Camacho
Oct 25, 2022

A lo largo de los últimos días, han circulado vídeos sobre intervenciones a obras de arte en museos reconocidos de Europa.

Diversos grupos de activistas han hecho mancuerna con el sensacionalismo y la viralidad para alzar la voz sobre la crisis climática en la que vivimos. 

Si bien, la acción que más atención atrajo sucedió a inicios de octubre con puré de tomate y Van Gogh, obras de Horatio McCulloch, Monet e incluso una estatua de cera del Rey Carlos III han sido utilizados para enunciar discursos sobre los recursos fósiles, la crisis de alimentos y el consumo desmedido. 

Pero ¿qué efecto han tenido estas acciones en el discurso popular? Llevo unos días siguiendo el tema en redes, preguntando a amigos y compañeros del trabajo… y la discusión nunca pasa de juzgar o cuestionar el medio del mensaje. 

Que si el arte no merece ser destruido porque “es lo único bueno que tenemos”, que si el museo está coludido porque se tardaron en reaccionar y las grabaciones todas son de muy buena calidad, que si los mismos grupos de activistas son financiados por petroleras, que si lo único que provocan es alienar aliados con sus acciones, que si pierde sentido porque la acción debe ser explicada. 

Bueno, teorías sobran, pero esto me hace preguntarme ¿qué es el activismo? ¿existe un activismo que suma y otro que resta? ¿Existe una forma correcta de hacer activismo?

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Tres cosas resuenan en mi cabeza cuando pienso en las acciones que han estado tomando estos grupos, y que rondan las redes sociales:

  1. Todas las pinturas atacadas recientemente, están protegidas por vidrio. 
  2. De todas las manifestaciones hay grabaciones con buena imagen y audio, y ningún discurso ha sido interrumpido.
  3. En un periodo de 6 horas, las obras están de vuelta, los activistas son retirados y el museo continúa con normalidad.

El escenario del museo y la “vandalización” de las obras, no es más que el medio para captar la atención del público y emitir un mensaje, poner en tendencia el discurso de estos activistas, hacer que más gente se involucre y poner en la agenda política la emergencia/crisis climática. Que a mi percepción, no ha tenido éxito, pues escucho más quejas y reclamos, que comentarios sobre la problemática latente, el planeta y la vida. 

No puedo evitar relacionar esto con “The Unabomber” y la idea de que sus acciones fueron desencadenadas por la falta de atención y reacción a sus preocupaciones e ideas. Nadie lo escuchaba, hizo que lo escucharan.

Entonces, ¿cuánto más seguirán siendo inofensivas las manifestaciones de los activistas? ¿Cuánto más vamos a ignorar que sus preocupaciones también nos afectan?

A todo esto, se leen muchos comentarios al estilo “Whether you’re Just Stop Oil, Insulate Britain or Extinction Rebellion, you cross a line when you break the law — and that’s why we’ll keep putting you behind bars,” (trad. “Ya seas Just Stop oíl, Insulate Britain or Extinction Rebellion, cruzas una línea cuando rompes la ley – y es por eso que te seguiremos poniendo tras las rejas”​​) dicho por Suella Braverman, miembro del parlamento del Reino Unido, que plantea una postura que si bien, legalmente tiene su validez… me resulta irónico… porque (bien lo aluden en su discurso los activistas): 

¿Cómo es que con mano firme castigan los agravios al arte, pero se hacen de la vista gorda ante el abuso de recursos, la hambruna, la explotación y la guerra, de la que son cómplices gobiernos y multinacionales? ¿Qué crimen pone más en riesgo un futuro vivible?

Finalmente, volviendo a las preguntas sobre el activismo… no tengo respuestas. Que hay críticas respecto a sus acciones, seguro, que habrá una mejor forma de hacerlo, tal vez… pero no dejemos de reconocer que están haciendo algo al respecto, están manifestando su angustia e impotencia, están levantando su voz de forma noviolenta y están dejando en nuestras manos el ser indiferentes ante la crisis o no. Si no nos parecen sus formas y no queremos apoyarles a ellos, busquemos algún grupo o asociación que sí vaya con nuestros criterios o con quienes nos sintamos identificados, y si no hay alguno, ¡tomemos acción y propongamos! 

PD. Ya para acabar en nota inspiradora, les recomiendo esta película francesa, “La Croisade” Louis Garrel (2021), donde niños y adolescentes dejan de esperar que los adultos les entiendan y empiezan a actuar para salvar su futuro.

Romina Camacho

Romina Camacho

Humanista y reflexiva.
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